Casas señoriales de la nobleza oscense

Después de la reconquista por los Reyes Católicos de la ciudad de Huéscar, ésta tuvo una estrecha relación con la nobleza. Importantes casas nobiliarias surgen en el nuevo enclave cristiano, mientras tierras de la zona eran entregadas por Don Fernando, como premios a las acciones de reconquista que se iban sucediendo por los distintos enclaves de la península, incumpliendo así lo capitulado con sus habitantes "que siempre habría de depender de la corona".
Los Reyes Católicos le concedieron Capitulaciones, según las cuales sería siempre villa real, no entregada a señor alguno y con respeto para los islámicos en su religión y costumbres; pero eso no se cumplió y la ciudad fue entregada primero al condestable de Navarra y después al duque de Alba. La represión y expulsión que siguieron al levantamiento morisco dejó reducida a la mitad la población, que a mediados del siglo XVI era de casi 6.000 habitantes.

Casas y Escudos señoriales

casa de los Marqueses de Corvera

A partir del siglo XVI, el urbanismo local sufre una profunda remodelación con la ampliación del núcleo urbano, el antiguo emplazamiento medieval queda al este de la ciudad como un barrio más, conservándose de esta zona la puerta de entrada a la fortaleza. El centro pasa a estar constituido por la nueva plaza y el edificio de la colegiata, del que sale la calle Mayor, auténtica vía nobiliario donde se establecen las casas señoriales más importante de la localidad, tal y como todavía hoy se puede apreciar, algunas restauradas y acondicionadas, pero otras en un lamentable estado de conservación al estar abandonadas y casi en ruina. Cabría destacar entre otras:
la casa de los Abades: en la calle de los Abades, Eran éstos unos clérigos que presidían la Colegiata y Coro de Santa María la Mayor, en la época en que este templo tuvo esa categoría cuasi catedralicia. El Abad de Huéscar era la suprema autoridad eclesiástica local. La casa donde residían estos sucesivos Abades está declarada monumento por su interés arquitectónico mudéjar, de la que es importante testimonio la armadura ochavada del techo de su salón principal. En la actualidad ha sido adquirida por el Ayuntamiento de la localidad. La casa del Administrador del Duque de Alba: actualmente restaurada. Fue en la rehabilitación del edificio cuando salió a la luz la logia superior.
La casa de los Marqueses de Corvera perteneció al Mayorazgo de Serrano. Era su casa principal y estaba situada en la mejor manzana de la nueva "Plaza del Arrabal". Era una enorme mansión, con fachada frente a la del Sur de la Iglesia Mayor, y servicios a la del Toril. Incendiada en el pasado siglo, los Corvera vendieron el solar y se instalaron, comprándola a otra familia, en su actual mansión de la Calle Mayor, edificada en el siglo XVI y mantenida hasta la fecha.
La casa Parroquial XVII-XVIII Situada en la calle Carril, nº 9, frente a la calle de las Campanas,  mantiene una estructura constructiva similar a las otras casas señoriales existentes en Huéscar. Se articula en torno a un gran zaguán de entrada y un patio y corredor central que sirve como distribuidor de las diferentes estancias. En su parte posterior posee un gran huerto o jardín. Es de destacar en su fachada el escudo u óculo heráldico correspondiente a la persona del Cardenal Infante Don Luis de Borbón, que en 1735 fue nombrado Arzobispo de Toledo.

Casa de los Maza

Los Maza: En el Siglo XIII, Don Feliz de Lizaña tomo con sus tropas "se decía de ellas que sólo disponían para el ataque de mazas" la ciudad de Murcia. Eso hizo que que se le terminara conociendo con el Maza y que incluso fuese usado como su apellido. Distintivo que pasaría a sus descendientes, a este edificio donde aquellos vivieron y a la plaza que lo alberga. Su escudo, colocado en la casa blasonada de la Placeta Maza, de Don Alonso Sánchez Maza ya datada en un censo de mitad del siglo XVI, y hoy excepcionalmente recuperada por sus actuales dueños.
Los Atienza: Ubicado en el edificio nº 2 de la calle Ángel, en una de las dos viviendas que hubo en Huéscar de la familia Peralta, ascendiente de Mariana Pineda y que viviría en esta lugar cuando tenía 14 años. Aunque no hay una fecha exacta sobre la construcción de este edificio, si está claro que fue en la segunda mitad del Siglo XVIII. La historia de esta vivienda comenzó con Doña Francisca Martínez Carrasco quién creó un gran mayorazgo, construyendo este edificio que en 1828 heredaría su nieto el Conde de Doña Marina, Don Mariano Heredia y Peralta. En 1890 y 1913 son dos Marqueses de Heredia sus dueños. En 1915 lo adquiriría la Marquesa de Fuente Amarga.
Algunos otros ejemplos que podríamos encontrar, son el de Los Perea, colocado en la casa del Patio de los Leones, en la calle Tercias. Los Alba, del Siglo XVI, colocado en la fachada principal de la Iglesia de Santiago. Don Luis de Borbón, del Siglo XIX y colocado en la fachada de la Casa Parroquial. Los Blázquez Dávila del Siglo XVII, colocado en la casa nº 1 de la Calle Campanas.

Breve mirada al siglo XVII

La casa del Administrador del Duque de Alba

Durante el verano de 1649, el Gobernador y Justicia Mayor de Huéscar, el licenciado Alonso Criado, mandó hacer la relación de hidalgos para calcular el impuesto llamado "de millones" que correspondía a cada uno.
En la España de aquel tiempo, ser hidalgo era ser "gente bien", aunque a veces no se fuera dueño de un gran capital. Importaba más el orgullo de pertenecer a la nobleza, aunque fuese en su más bajo escalón, que la simple posesión de bienes. Y como el trabajo manual estaba mal visto e indicaba pertenencia a las clases inferiores, los hidalgos llegaban incluso a pasar hambre y a vivir miserablemente antes que dedicarse a trabajar, lo que les haría perder categoría social.
Huéscar, que había vivido tiempos heroicos en los años finales de la Edad Media y durante la rebelión de los moriscos, tuvo un desarrollo económico favorable con el cultivo de la seda, los lavaderos de lanas, la llegada de "empresarios" italianos y las frecuentes talas en su extensa zona boscosa.
En el siglo XVII decía el historiador Francisco Henríquez de Jorquera: "...en una fértil llanura está situada la ciudad de Huéscar con fuertes y torreados muros, a quien domina fortísimo castillo, dándole entrada tres principales puertas. Es abundante de pan y vino, sabrosas frutas y buenas hortalizas, cazas de todas suertes, terrestres y volátiles, buena cría de seda y mayor de ganados, para cuyas lanas tienen famosos lavaderos, los mejores de España, donde se ocupan por los meses de julio y agosto y parte de septiembre más de tres mil hombres, labrando algunos años más de cuarenta mil arrobas; cuyos lavaderos ocupan poderosos genoveses... Habilitan la poco más de ochocientos vecinos; en un tiempo fue de más de cuatro mil, en la pujanza de los moros...".

Breve mirada al siglo XVIII

vista calle Mayor

El Concejo Municipal estaba formado por un Gobernador y Justicia Mayor, un número variable de regidores, oscilante entre ocho y diez por regla general, un Procurador Síndico y un escribano. El gobernador solía tener un teniente de gobernador, con frecuencia nombrado de entre los regidores. Y el escribano del concejo era asistido a veces por otros escribanos de entre los del número de la ciudad. El gobernador, los regidores y el escribano eran nombrados y cesados por el Duque de Alba, titular del señorío. El procurador síndico era elegido por votación popular el día dos de enero de cada año. Una vez formado el concejo, eran nombrados por éste los distintos cargos: Señores a quienes toca el hierro de pinos y carrascas, comisarios de guerra, abogado del Ayuntamiento (asesor de la ciudad), alcaldes de Mesta, alcaldes de las acequias Almohala, Almacaz, Nueva y Alozaya, Alquivira, Almazaruca, Hambre, Parpacén y Cerro del Negro, veedores de daños y heredades, de sastres, del hierro, de hortelanos, de zapateros, de alarifes, de herreros, de alpargateros, de molineros, de carpinteros, de calderería, de ropa blanca (de lienzo), de sucio y de mesone
Como en siglos anteriores, los medios de vida de los oscenses del setecientos eran la agricultura y la ganadería. Las aproximadamente 16.000 hectáreas se repartían entre regadío, secano (la mayor parte), viñas y arbolado. Los productos más abundantes eran trigo, centeno, cebada, vid, cáñamo y lino (éstos últimos tuvieron importancia tras la decadencia de la producción sedera). En cuanto a la ganadería, destacaba el ganado lanar (con 19.659 cabezas, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, en 1750), el cabrío, el de cerda y el vacuno. En los campos oscenses también había por aquel entonces numerosas colmenas. Catastro del Marqués de la Ensenada, mandado hacer por el rey Fernando VI en 1750.

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