Rivalidades "Oscenses y Poblatos"

Si bien es cierta una rivalidad "sana" entre ambas poblaciones, a pesar de todo, Los vecinos y vecinas de Huéscar y Puebla de Don Fadrique, sí se mantienen hermanados, tanto por lazos religiosos, como afectivos y familiares. La auténtica realida es que estas fiestas, mantienen una excepcional armonía entre ambas ciudadanías.
Fuentes extraídas del artículo de José Antonio González Alcantud (Universidad de Granada) Gazeta de Antropología, 1985, 4, artículo 03

Problemas más del pasado que del presente

Llegada de las patronas a su ermita

Es cierta la rivalidad surgida entre Huéscar y Puebla de Don Fadrique, y que ésta se debe principalmente a cuestiones de territorialidad. Construir una ermita titular a una patronas -arraigo religioso- a 25 km. de la ciudad de Huéscar, y a 6 de su anejo La Bolteruela -antigua denominación de la Puebla-, no hizo más que ahondar en la herida. Los conflictos entre ambos municipios, en los siglos XIX y XX, se refieren a dos terrenos, a Dehesa del Orcajón y el Pinar de la Vidriera. El primero perteneciente al término de Puebla, pero propiedad del ayuntamiento de Huéscar, de cuyos propios forma parte, el segundo en el término de Huéscar, pero perteneciente a un poblato (lugar éste último de donde se extraían las finas arenas para una vidriera construida en Puebla a imitación de la celebrada de Castril). Las querellas tendrían como eje principal la Dehesa y el pago de sus guardas, impuestos, etc. Por lo demás no hay pertenencias relevantes de un pueblo en otro, al margen de esas dos. Un ejemplo de la larga conflictividad que llega hasta hoy y mismo, cuanto más la ermita de las santas se halla en la Dehesa del Orcajón.

La territorialidad y el disfrute de las aguas

Las aguas y su disfrute han sido históricamente otro punto de confrontación. «En Huéscar, nos dice Romero Díaz, se da la circunstancia favorable de que existen además de los cursos fluviales, el Barbeta y el Guardal, dos grandes manantiales, fácilmente aprovechables en las tierras mismas que los rodean, como son el Fuencaliente y el Parpacén. Y es por ello una ciudad de intereses fundamentalmente hidráulicos» (1). La disputa de las aguas ha sido continua, al encontrarse en término poblato algunos de los principales manantiales que surten al río Barbata y a la acequia de Montilla, que a su vez son aprovechados por Huéscar. La fundamentación de este estado de cosas se halla contenida en el Reglamento del Sindicato de Riegos de la Vega de Huéscar, de 1897: «Art. 22. Las referidas aguas -las de Montilla, Sahúco, Maquillo, Cueva de la Cadena, las Santas, Laguna, Mortero, que circulan por la acequia de Montilla-, así como la acequia que las conduce pertenecen en propiedad a los hacendados, para el riego de sus tierras, y a los vecinos de Huéscar para los usos de la vida, con arreglo a las antiguas donaciones de los Reyes y a las sentencias de los tribunales» (2). Las antiguas donaciones de los reyes son las que realiza doña Juana la Loca, el 27 de abril de 1509, a la ciudad de Huéscar y a sus vecinos «de las aguas de las fuentes y de los ríos que nacían en la jurisdicción otorgada a la ciudad» (1). Cuentan que un antiguo alcalde decía que del vino de Huéscar lo que emborrachaba era el agua, por los innumerables conflictos que ocasionaba: En 1900, por ejemplo, se celebró un sonado proceso sobre la propiedad de las aguas que abastecen la ciudad, proceso que se repite en el presente. Recordamos: al decir de un funcionario municipal, «las aguas pasaron a Huéscar cuando lo hicieron las santas».
(1) María A. Romero Díaz, op. cit.: 209-210. Catedrática de Geografía Física de la Universidad de Murcia
(2) Ordenanzas y Reglamentos de Riegos de la Acequia de Montilla, de la ciudad de Huéscar. 1897: 37.

La historia hizo mella.

Las Patronas cerca de su Ermita en las Santas

¿Y qué ocurre con los romeros de ambas localidades, una vez realizada la entrega de las Santas Patronas?. Por una parte, el ayuntamiento de la Puebla, hasta hace pocos años, daba un arroz y vino para los pobres, al pie de la ermita, donde aún se concentran los poblatos, mientras los de Huéscar celebraban la romería cada familia alrededor de su arroz, excepto uno colectivo, costeado por el ayuntamiento para aquellos que participaban más directamente en la organización de la fiesta; el lugar: la cañada de los Cazadores. En los últimos años, el arroz colectivo de Huéscar se ha ampliado a toda la población oscense. No nos ha de extrañar, en consecuencia, que en el número citado de la revista comarcal La Sagra, se haga mención al «pueblo llano» que se reúne en la ermita, y a la «élite» que lo hace en la cañada. La historia y la tradicional localización de la nobleza y los señores en Huéscar pesa todavía.
¿Y cómo se celebran las fiestas?. El 22 de octubre, día de las santas, según el santoral romano, se celebran fiestas en Huéscar, mientras los de Puebla realizan una procesión en la ermita. Con esta ocasión, las rivalidades también afloran: «Yo he asistido muchísimas veces este día al santuario, y excepto unas docenas de personas de Puebla, que acuden a la ceremonia religiosa, de Huéscar no ves absolutamente nadie, excepto Ángel M. , que es de Puebla y reside en Huéscar. Ese día hacemos una procesión por aquellos lugares, que es deliciosa por el recogimiento y la intimidad. Se tiran cohetes que nosotros costeamos, y el llevar a las santas se hace por puja a la llana, quien más da las lleva y las entra en el santuario. Se subastan los brazos de las andas, sí, ese día me vais a contestar que lo celebráis en Huéscar, pero es con toros y feriales, pero con devoción donde residen las santas, no» (3). Las frases anteriores, extraídas de un artículo de la prensa comarcal, no pierden agresividad, por más que termine con un ¡Vivan las santas benditas!, intento de sustraerlas al ¡Vivan las santas de Huéscar/Puebla!
(3) La Sagra, nº 8, junio de 1981: 7. // La Sagra, nº 10, agosto de 1981: 13.
La contestación de los oscenses no desmerece: «También y con relación al acaparamiento que citas, sólo tengo que recordarte que efectivamente la ermita está en el término municipal de la Puebla, pero... que el solar que ocupa fue recientemente adquirido por el Excmo. Ayuntamiento de Huéscar, y claro, la frontera esa que dices, de 40 metros, es mejor no tocarla... por si nos da la idea y hacemos una suscripción popular, para hacer una ermita nueva, propia y 41 metros más abajo» (3). Esa agresividad manifiesta la encontramos entre toda la adultez, desde el jornalero hasta la autoridad municipal, con una notable excepción entre los jóvenes y niños, menos incardinados en la cultura tradicional (4). Un funcionario del ayuntamiento oscense, ante nuestro asombro, pues nosotros estábamos presentes y no observamos tal hecho, nos comentaba: «Este año creo que los de Puebla les tiraron las flores a las santas, que les habíamos puesto nosotros. He dirigido con este motivo una carta de protesta al ayuntamiento de Puebla». La quisquillosidad llega hasta el quién invita a quién; para los oscenses son ellos los que pagan siempre la «convidada de cuando se entregan las santas», si bien nos decía un concejal de Puebla que él llevaba el expreso cometido de invitar a sus homólogos de Huéscar. Otros tipos de complicaciones se unen a las precedentes al ser considerados los poblatos rojos y los oscenses de derechas, aunque esta valoración tiene un carácter secundario, y piensan todos, de un lado y de otro, que no ha interferido la rivalidad fundamental.
(4) Un muestreo sobre 85 alumnos -oscenses y poblatos- del instituto de formación profesional de Huéscar.

Las Patronas

Sabías que

Se trata de una devoción y culto que perdura en estas tierras desde finales del siglo XVI

Semana Santa

Otras fiestas

Altiplanicies

Copyright @ 2009 Portal Comarca de Huéscar. Todos los derechos reservados.