Romería de las Santas

Es el lunes de Pentecostés cuando se celebra la romería en honor de nuestras Santas Patronas Alodía y Nunilón. Durante cincuenta días han permanecido en Huéscar y ya llega el momento de entregarlas a los vecinos de La Puebla de Don Fadrique, donde permanecerán otros tantos, hasta el día de San Juan.

Despedida de las Santas por los Oscenses.

Llegada a la zona recreativa de las Santas

Las Santas Patronas saldrán de Huéscar muy temprano. Después de una misa de despedida a la que acuden los más madrugadores y aquellos que disfrutaron de la verbena organizada en la Plaza Mayor, nuestras Santas son llevadas hacia su Ermita acompañadas de cientos de romeros, que siguiendo la tradición, realizan paradas en los cortijos que bordean el camino de la sierra, y donde se les prepara una mesa adornada para cantarles la Salve y el himno y donde se invita a los acompañantes.
Es junto a la acequia de Montilla y el río Barbata, por donde transcurre el camino de las santas desde Huéscar, a lo largo de 25 km. que finalizan en la ermita. Y es en esa acequia donde sumergen a las santas tanto en la entrada en Huéscar el primer día de pascua, como cincuenta días después, al llevarlas en romería.

Las imágenes son bañadas

La despedida de la romería de 1984 así quedó anotada: «De 6,30 a 7 de la mañana, disparo de cohetes y repique de campanas para asistir a la misa que será a las 7 (...). La procesión parte de la iglesia parroquial y se dirige por la calle Mayor arriba. La banda municipal acompaña interpretando piezas. El cura detrás de las imágenes. Al llegar al límite del pueblo, Las Santas, que han sido llevadas por mujeres turnándose, son vueltas hacia éste. Se canta el himno de Las Santas y se rezan algunas jaculatorias. Se repite la vuelta, el canto y las jaculatorias. El cura y la banda se vuelven al pueblo. La procesión, compuesta por unas 300-400 personas, mayoritariamente ancianas y mujeres, marcha por el camino de Las Santas. Se las baña en la acequia de Montilla por vez primera, a doscientos metros del pueblo. Al poco se penetra en un cortijo («de Las Santas», le dicen), donde han puesto una mesa y eso quiere decir que hay que entrar. Un kilómetro arriba se las vuelve a bañar. Los «baños» -inmersiones hasta la rodilla de los que transportan las imágenes, con éstas a hombros- van acompañados de gran jolgorio y comentarios: «¿Quiénes serán los que las bailen? ¡Son mujeres! ¡Hale, las mujeres valientes!» Se las baña por tercera vez, y se entra acto seguido en otro cortijo. Sigue de cerca un tractor adornado que montará a Las Santas, en la fábrica de harina, para llevarlas a la ermita».

los patronas serán bañadas y bailadas

Las imágenes son bañadas

Continúan las santas por el camino de la ermita, sin excesivo acompañamiento, lo que contrasta con el pasado, cuando los romeros, en carretas adornadas con ramaje, mallas y mantones, cubrían todo el ciclo temporal a paso de mula; ciclo que incluía el desayuno en la fábrica de harina, y el continuado canto de salves. El estribillo más entonado era y es: «Alodía ven acá, Nunilón ven que te espero y vendremos a juntarnos a la Piedra del Letrero». Este último lugar, junto al Salto del Moro, constituyen las principales referencias legendarias y mitológicas del camino.
Más tarde, al aparecer las santas por la cañada de los Cazadores, se produce un estruendo de cohetes, que no terminará hasta su entrega. Las santas, todavía no se divisan desde la ermita, donde esperan los de Puebla, por lo tupido del bosque de pinos. Es allí donde se hará la entrega, se celebra misa y a continuación se ofrece a besar una reliquia de las santas. Por la tarde, los poblatos se llevarán las imágenes, dándoles un gran recibimiento y haciéndolas pasar a través de tres arcos de ramaje. Allí permanecerán hasta san Juan, en que serán devueltas a la ermita. 

Celebración en la cañada de los cazadores

Los vecinos del pueblo, comparten este día de campo con familiares, amigos y visitantes, en una armonía característica de la hospitalidad de las gentes de esta tierra. Con una gastronomía variada, donde además del arroz ofrecido por la corporación municipal en la cañada de los cazadores, serán típicos los distintos productos de la tierra: chuletas de cordero segureño a la brasa, carnes de cerdo, choto (cabrito) frito con ajos, embutidos, y fritadas de tomate y conejo, entre otras. Todo ello regado con exquisitos vinos locales de elaboración artesana, el afamado vino picosillo o vino del país. Toda esta fiesta campera suele estar amenizada por cantes al son de la guitarra, jaleo y palmas que son el broche de estas comidas serranas, donde cualquier persona que se acerca es bien recibida y obsequiada con la invitación a beber y comer, compartiendo la alegría y la buena predisposición para integrase y participar en la fiesta.

Las Patronas

Sabías que

Se trata de una devoción y culto que perdura en estas tierras desde finales del siglo XVI

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