Entrega de las Santas

La tradición persiste después de casi seiscientos años. Aunque tal vez nadie sepa a ciencia cierta, el punto exacto en que debiesen entregarse las Santas, lo cierto es que ya desde hace décadas, ésta se realiza muy cerca de la Ermita. Estaba claro que las discrepancias entre oscenses y poblatos, también tenían que tocar este punto.

Ermita de las Santas

El lunes de Pentecostés, las Santas Patronas saldrán de Huéscar muy temprano después de una misa de despedida a la que acuden los más madrugadores y aquellos que disfrutaron de la verbena organizada en la Plaza Mayor. Nuestras Santas son ahora llevadas hacia su Ermita acompañadas de cientos de romeros, que siguiendo la tradición, realizan paradas en los cortijos que bordean el camino de la sierra, donde se les prepara una mesa adornada para cantarles la Salve y el himno, y donde se invitará a los acompañantes. 
Será antes del medio día cuando los romeros llegarán a la Ermita de las Santas, ubicada en plena sierra de la Sagra. Después de cincuenta días en que las imágenes de las mártires han permanecido en Huéscar, llega el momento del relevo con los hermanos de la Puebla de Don Fadrique.

Junto a su Ermita. Entrega de las Santas

Y es allí, donde se van a suceder los momentos de mayor tensión. A los gritos de "las Santas son de Huéscar, la puebla es un anejo y no las entregaremos a los poblatos", se responde con "¡Ya por fin vuelven a su Ermita, ya están en su casa!".
Ya se acerca el medio día, la hora pactada para la entrega. Durante unos pocos instantes, los brazales de su trono serán compartidos por oscenses y poblatos, y estará apunto de producirse el relevo pasando todo el protagonismo a los romeros de La Puebla. Las ganas por poder portarlas creará mas de un problema a algunos. Las imágenes deberán ser llevadas a la Ermita que se encuentra a pocos cientos de metros del lugar de la entrega. El problema está en saber quien tendrá ese orgullo. A veces, algún oscense infiltrado consigue tal objetivo, pero se la está jugando. Cánticos de "¡Guapas, guapas, guapas!". Nadie quiere perderse poder tocar las imágenes. 

A las12 de la mañana

Entrega de las Santas Patronas

Y por fin llega el momento de entregarlas. Una línea dibujada en el suelo señala el límite entre los mozos de Huéscar y Puebla. Es obligado entregarlas sin retraso. Después de unos momentos de "tensión" y no sin algún que otro "sano" altercado, se realiza el relevo. Los poblatos consiguen sus Santas y felices comienzan a venerarlas.
Comienzan los cánticos: "Unos beben vino, otros aguardiente; y los de las Santas, agua de la fuente. URI URI URI los de las Santas, URI URI URI los de las santas estamos aquí.." Desde primeras horas del día los romeros han ido buscando los mejores sitios para realizar sus acampadas. Hay que continuar con una agradable jornada de sierra, donde los más fanáticos habrán aprovechado la noche anterior para subir y habrán elegido los mejores lugares junto al río Barbata. Obligadas serán las paradas en  el Puente las Tablas, la Cañada de los Cazadores y la Ermita de las Santas

Entrega de las Santas Patronas

No estamos ajenos a la controversia generada sobre el lugar de entrega de las Santas, y de si este a lo largo del tiempo, no siempre ha sido el mismo. Además, aquí la respuesta siempre a cambiado en función de a quien se pregunte, "oscense o poblato": «Antiguamente era en el puente, donde la cañada, en el límite de los términos municipales, pero los de Huéscar intentan siempre subirlas a la ermita», «El lugar tradicional, de todas formas, es a unos cien metros de la ermita, entre dos caños de agua», «Este año querían que fuese donde la tradición marca: en la cañada de los Cazadores».
Nuestras anotaciones dicen así: «La entrega se realiza sobre una mesa cubierta con un mantel blanco y dos floreros con claveles. Este altarillo se halla en mitad del camino. Los poblatos se colocan detrás de su cura, que lo es también de la ermita, vestido de blanco, con un crucifijo en las manos. Se canta repetidamente el himno de las santas, que es común para los dos pueblos. Alodía y Nunilón suben a hombros de los oscenses desde la cañada; previamente les han quitado las flores, para evitar que lo hagan los poblatos como desprecio. La entrega propiamente dicha está precedida por los abrazos de las autoridades municipales y el intercambio de saludos de los párrocos. Las santas pasan en volandas, de manos de los oscenses a las de los poblatos. Cohetes y repique de campanas. Son las doce del mediodía: la multitud se traslada a la ermita, se celebra misa y a continuación se ofrece a besar una reliquia de las santas. Por la tarde, los poblatos se llevarán las imágenes, dándoles un gran recibimiento y haciéndolas pasar a través de tres arcos de ramaje. Allí permanecerán hasta san Juan, en que serán devueltas a la ermita». 

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Se trata de una devoción y culto que perdura en estas tierras desde finales del siglo XVI

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