Manantiales naturales

Además de los manantiales que alimentan a los ríos de nuestra sierra, existen otros en los que aflora el agua con independencia de los cauces principales. Los más importantes son el de Parpacén y el de Fuencaliente.
Se llama acuífero a una formación geológica (roca o terreno) que es capaz de almacenar agua y permitir que se mueva lentamente por su interior. Se podría concebir como un embalse subterráneo asociado al cual existe un cierto flujo (los recursos) y un almacenamiento (las reservas) y cuyo nivel de agua no es visualizable de forma directa, siendo necesario la construcción de piezómetros. Los manantiales representarían los aliviaderos de dicho embalse, mientras que los piezómetros indicarían el estado de las reservas. Si el embalse subterráneo se mantiene a su nivel máximo, el manantial arrojará el excedente que no puede almacenar, pero si el nivel bajara por debajo de la cota del manantial éste se secaría. Esto explica que, a veces un manantial permanezca seco durante un cierto período de tiempo, y más tarde vuelva a funcionar, generalmente después de un ciclo climatológicamente húmedo.

Referencias de Madoz

El terreno en lo general es ligero, en algunos puntos pedregoso y hay muchas cañadas de buen miga. La vega es de regadío y beneficiada por los ríos Bravatas, Raigadas y Guardal que nacen en la Sagra y Sierra Seca, así como por el Santo o Parpacén y el abundante manantial de Fuencaliente, es muy productiva particularmente de hilaza, habichuelas, maíz , patatas y vino. (1845-50 ) Diccionario geográfico - estadístico - histórico de España y sus posesiones de Ultramar.
Se han encontrado restos romanos tanto en Fuencaliente como en Parpacén, atestiguando así la trascendencia del agua para aquellos moradores, que supieron aprovecharla, tanto para el sustento de la enorme infraestructura hidráulica de riego que construyeron, como para el ocio y el recreo.

Fuencaliente

Este manantial se localiza a las afueras de la población, a unos 3 km, junto a la carretera comarcar Cúllar-Puebla de Don Fadrique. El coste de la entrada al complejo es totalmente gratuito, disponiendo de una amplia zona de aparcamientos, junto a zonas arboladas, recreativas -pistas de tenis y baloncesto- y restaurantes. Acondicionada como piscina de verano, -bar y comedor, lavabos y vestíbulos públicos-, sirven recreo y baños de las gentes de la comarca. Las aguas son ligeramente termales (18 ºC) y responden al drenaje de las sierras de Montilla y de la Encantada, así como de la de Jurena ubicada en el termino municipal de La Puebla, y donde sus continuos sondeos están poniendo en serio peligro de supervivencia a esta emblemática surgencia.

Manantial de Fuencaliente

A lo largo de la historia, las aguas de Fuencaliente han jugado un papel fundamental en el desarrollo de la comarca, tanto por su abundante y constante caudal como por su situación, a 7 km de lo que fuera la mayor necrópolis ibérica de toda la zona, Tútugi (Galera). Sus aguas contribuyeron al abastecimiento de esta ciudad así como al riego de su fértil vega. Nunca adquirió tanto protagonismo como a lo largo del siglo XVI, cuando se instaló uno de los más importantes lavaderos de lana de la comarca y que, regido por genoveses, hicieron muy popular a Huéscar.
Su nacimiento nos sorprende como un oasis en medio de la estepa árida y desértica. Su manantial, ubicado a 920 m.s.n.m., constituye una surgencia permanente con un caudal medio de 200 l/s, con variaciones comprendidas entre 60‐550 l/s. Sus aguas sirven para dar regadío a más de 300 hectáreas de cultivo en las vegas de Huéscar y Galera distribuidas en tres acequias construidas en la época árabe: Alquivira, Almohala y Almazaruca, sin duda alguna estamos hablando de un oasis en la comarca de Huéscar,  un rincón único y  maravilloso. En el inicio de dichas acequias, donde el lecho aún no ha sido hormigonado, se puede observar el nacimiento del agua. El fluido de la piscina esta en constante renovación, lo que hace que estas aguas sean consideradas como unas de la de mayor calidad de baño dentro de los distintos nacimientos naturales de interior de Andalucía.

Parpacén

A la salida de Huéscar en dirección hacia Castilléjar, a pocos metros del casco urbano parte un camino que nos conduce hasta el mismo nacimiento de Parpacén. Siguiendo el mismo esquema hidrogeológico descrito en el manantial de Fuencaliente, el manantial drena el acuífero mixto que en esta zona está constituido por los materiales carbonáticos de las Sierras Bermeja, Montilla y del Muerto. La primera constatación del uso de las aguas de Parpacén se remonta a la época del imperio romano, ya que se han encontrado restos romanos en el Cortijo de Parpacén.

Manantial de Parpacén

Por el momento, resulta desconocida la relación entre este manantial y otros pobladores más antiguos, relacionados con la “Piedra del Letrero”, probablemente de época neolítica, o los de la Edad del Cobre o Bronce, situados junto a las Fuentes del Guardal sin olvidar el magnífico yacimiento arqueológico de “Cueva Carada”, situado al sur de Huéscar. En la actualidad la zona se encuentra totalmente virgen, con peces, rodeada de frondosa alameda y vegetación de ribera. Tradicionalmente ha abastecido a diversas acequias, desde donde se distribuye para el regadío de 500 ha. La cota de surgencia se localiza a 922 m.s.n.m., y presenta un régimen de descarga más irregular que Fuencaliente, con variaciones de caudal comprendidos entre 50‐330 l/s. Al igual que Fuencaliente, las aguas de Parpacén pueden ser consideradas como ligeramente termales, ya que presentan una temperatura de 18ºC, condicionada por la existencia de fracturas, y como consecuencia de la mezcla de aguas de niveles permeables inferiores con niveles permeables superiores, conectados hidráulicamente. La mineralización de estas aguas es menor que en el caso anterior, presentando una facie hidroquímica sulfatada‐bicarbonatada cálcica.
Fuentes obtenidas de los estudios realizados por la Diputación de Granada.

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