La Alcazaba de Úskar

Destruido el castillo roquero de “Huéscar la Vieja” por los moros en 1324, Ismail I, sultán de Granada, se centraría en la protección de la zona, delimitando el área con el sistema de atalayas y amurallando lo que ya se constituiría en el núcleo urbano de la actual Huéscar. En 1434, los cristianos comenzarían de nuevo operaciones contra el reino de Granada, y Rodrigo Manrique, comendador de Segura, tomaría la ciudad durante un breve periodo. De su relato, podemos tomar idea de como podía ser la ciudad:
…las huertas llegaban hasta las inmediaciones de la ciudad ya que desde ellas se hablaba con los musulmanes encerrados en la zona de la alcazaba. Un foso circundaba toda la ciudad que, a su vez, estaba rodeado de murallas. Sobre las murallas había un pasillo de ronda para los centinelas, que en algunos puntos era doble. Dentro del recinto había una enorme cantidad de torres, con tres puertas principales: la del Sol al oriente; la de Castril al poniente, y la de Baza. Las calles eran muy estrechas y su eje principal lo constituía la actual calle de las Tiendas (que acaba en la puerta de Castril). El zoco o mercado estaba situado en la actual Alhóndiga, al pie de la torre del Homenaje de la alcazaba, y la mezquita principal en lo que hoy es la iglesia de Santiago. Las casas, quizás por la influencia de los pueblos de la Orden de Santiago, estaban cubiertas por tejados. La alcazaba estaba situada en el extremo oriental de la ciudad y tenía varias torres. 

Plano de Huéscar hacia 1488, aparecido en el libro de Asunción Romero Díaz

Rodrigo Manrique de Lara "Orden de Santiago"

Primer conde de Paredes de Nava y trece de la Orden de Santiago -1406-1476-. El hito más destacable de esta primera etapa de su vida fue la conquista de Huéscar (Granada), acontecida el 11 de noviembre de 1434. La empresa era muy dificultosa, toda vez que el reclutamiento llevado a cabo por Rodrigo Manrique en tierras de Alcaraz, Úbeda y Campo de Montiel no había dado el resultado apetecido y las fuerzas castellanas eran muy pobres, en comparación con el enemigo. Pese a ello, el arrojo del comendador Manrique hizo posible la conquista de tan importante enclave. En la famosa Crónica del Halconero, su autor insertó una carta que el propio comendador Manrique envió al rey de Castilla, Juan II, para notificarle la toma de Huéscar. En ella, Rodrigo describía en primera persona el esfuerzo y las heridas recibidas en el campo de batalla (Crónica del Halconero, ed. cit., p. 170):
"E, señor, como yo vi la dispusiçión de cómo estaua el fecho, veyendo grande el trabajo que de ally nos podía benir, tomé comigo fasta diez omes de armas, e salí a pelear con ellos. E plugo a Nuestro Señor, e al buen esfuerço que desde allá vuestra señoría en nuestros coraçones pone, yo les tomé la puerta por fuerça, e los encerré por las puertas del castillo. E de quarenta o çinquenta que eran, quedaron ay muertos fasta syete o ocho. E los caualleros quando aquello vieron desviáronse luego de allí algún tanto. E yo, señor, fuy de allí ferido, de vn pasador que me pasó el guardabraço e el braço derecho de parte a parte".
Descripción que también nos hablaba del castillo de Huéscar. Fuentes:  Pedro Carrillo de Huete. "Crónica del Halconero".

La toma de Huéscar

La orden de Santiago y de Calatraba

Así narra Manrique la toma el 11 de noviembre de 1434: “llegamos en ordenança fasta la cava, la qual es muy fonda. E llegados fallamos las velas mudadas, e velando lo mejor que yo nunca vi, e dos rondas que cruzavan en el logar mesmo donde las escalas se abian dee asentar… e el escala fue puesta en pasando las rondas, las quales yvan ablando en su aravigo que si Dios les escapava de aquella noche que no abrían reçelo enguno”. Descripción que indica la existencia de un considerable foso que separaba la fortaleza de las casas de la ciudad.
“..e fue peleando e ganando torres por la çerca, fasta que falló descendida para la puerta. E desçendió, e vidose en asaz trabajo en la quebrar; pero al fin el la abrió”. El objetivo de Manrique se centró en pasar el primer círculo de murallas para encerrar a los musulmanes en la alcazaba.
“..en entre yo por ella con la otra gente, e fuemos peleando por las calles fasta los meter en el alcáçar, e en ciertas torres que ellos tenían en el adarve. En la qual pelea fueron feridos e esso menso feridos gran parte de la gente, asy de nosotros como de los enemigos. E es verdad, señor, que dellos fueron muertos asta doze o quinze moros luego ally, e çertifico a vuestra señoría que todo aquel día, sábado, e toda la noche jamás nunca çeso la pelea, ganándoles e minándoles las casas, e faziendo varreras por las calles, lo qual elos defendían muy vien”. El ataque fue muy duro: a partir de este momento comenzaba la batalla en las calles de la propia Huéscar:
“aquel día llegáronse fasta las huertas tan çerca del lugar que podían bien hablar con los del castillo…E los moros, reconociendo la pocagente, echaron una escala por una torre del adarbe de las que ellos tenían, e començaron suvir de sus vallesteros gran pieça de gente. Eotros vinieron e abrieron la una puerta que tenían a par de su castillo, para que entrasen los cavalleros que estavan ally llegados a la puerta”. La situación se complicó para los cristianos debido a que, en apoyo de los musulmanes, llegó el alcaide de Baza con 500 jinetes.
“tornaron luego a la fabla. E en conclusyon, veyendo estos señores ser complidero su salida de ellos como quiera que fuese del castillo, e segurámosles las vidas, que se fueron forros syn nada de lo suyo, asi armas como otra cosa cualquier muebles, e que solo una ropa llevasen cada uno de los onbres e las mugeres cada dos. E este juebes en la noche fueron todos fuera, e nosotros apoderamosnos en la fortaleza”. El sitio y asalto duró toda una semana, en la cual, la situación fue algo confusa. Los musulmanes oscenses estaban sitiados en la alcazaba, los cristianos dominaban partes de la ciudad, pero los campos y fuentes de agua estaban tomados por los refuerzos musulmanes venidos desde Baza. Finalmente, la situación fue salvada por refuerzos cristianos que obligaron a los musulmanes a pedir conversaciones de paz:  Casi doce años duró este dominio en manos de castellanos.
Fuentes: J. A. Carrión Sánchez. "Arquitectura militar medieval en  el Norte de la provincia de Granada".

Otras referencias a la Alcazaba en 1569

Muhammad X la volvería a reconquistar, permaneciendo en poder musulmán hasta 1488, cuando vuelve a ser tomada definitivamente por los Reyes Católicos. En Abril de 1569, por orden del Rey Felipe II, don Juan de Austria llega a Granada para hacerse cargo de la guerra, aunque mantendrá al marqués de los Vélez como general en campaña. En lo referente a la conservación de la estructura defensiva de Huéscar "Guescar", tenemos referencias de Luis de Mármol Carvajal, militar, historiador y escritor español (1520-1600) al detallar lo acontecido cuando el capitán morisco Geronimo El-Maleh fue sobre Guescar, y lo que sucedió esos días.:
.. a veinte y tres dias del mes de Noviembre de este año de mil quinientos sesenta y nueve... y cuando llegaron, andaban ya muchos Moros poniendo fuego á las casas, y apenas habian sido sentidos, porge Guescar es un pueblo grande, llano y desparramado, y no tiene cercado mas que la villa vieja y el castillo, y habian podido llegar encubiertos, y entrar por las calles donde no habia guardias ni defensa de muros que se lo impidiese. Mas presto acudió el verdadero muro, que son los animos de los hombres esforzados; y recogiendose obra de doscientos arcabuceros con calor de la gente de á caballo, se les opusieron, y pelearon valerosamente con ellos mas de tres horas, acudiendo simpre gente de refresco en favor de los Christianos, que peleaban por sus propias casas, mugeres y hijos. Y al fin los enemigos fueron desbaratados y puestos en huida con muerte de mas de quatrocientos de ellos, y de solo cinco Chrititanos...
Fuentes: Luis de Mármol Carvajal. Capítulo XXIII de "Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada".

Dibujo del catastro de la Ensenada

Francisco Henríquez de Jorquera, escritor, poeta e historiador (15594-1646) escribiría: “...a la parte de levante de Granada veinte y tres leguas de ella, a la falda del Monte Sagra, peana de la nevada Sierra cogiéndola en medio los ríos Guardal y Brevate en una fértil llanura está situada en la ciudad de Huéscar con fuertes y torreados muros, a quien domina fortísimo castillo, dándole entrada tres puertas principales...”. 
En los siglos siguientes contamos con un grabado del XVII y con un dibujo del catastro de la Ensenada del XVIII en los que aún aparecen murallas de forma muy destacada.

la ruina de la Alcazaba

Pascual Madoz Ibáñez (1806-1870) en su diccionario geográfico-estadístico-histórico de España menciona que:
“.. pósito con 2.600 fan. en especie, y varios créditos en metálico que ascienden a 140.469 rs, procedentes de pedidos hechos por el Gobierno, cuyo establecimiento y la carnicería se hallan situados en la parte Este de la ciudad, en la llamada fortaleza, que se cree fue un castillo en épocas anteriores, porque cuando la casa de Alba, a cuyo señorío corresponde esta ciudad, nombraba los empleados municipales, el tercer regidor tenía título de alcaide del castillo. En el orden eclesiástico es Huéscar cabecera de la vicaría de su nombre....”, dándonos ya una idea de su ruina.

Grabado.  Toletum, Hispanici Orbis Vrbs... 1687. Archivo Histórico Municipal de Huéscar (AHMH)

Y el tiempo ha hecho el resto de lo que aquella fue. Sobre todo con la eliminación del arco de la Puerta del Santo Cristo, las construcciones e intervenciones desafortunadas a lo largo de las calles Alhóndiga y las Tiendas, y el derribo de las últimas torres. La muralla se conservó bastante bien durante largo tiempo, y todavía a mediados del siglo XVIII sabemos que había varios torreones en pie hasta la década de 1940, cuando fue derribado el último para construir la actual plaza de toros, inaugurada el año 1945. Por aquél entonces, el torreón era una vivienda conocida como la “Casa Honda” y tenía un escudo en la puerta que, por desgracia, no se conservó.

Los restos de la muralla

la población de Huéscar crearía para su defensa una muralla con varios torreones que rodeaba todo el casco urbano. Detrás de los muros no había casas. Sabemos que en ella había al menos dos puertas. La llamada “Puerta de Castril”, que estaba en la entrada a la calle Tiendas por la Plaza Mayor. Estaba hecha de piedra y en el siglo XVI se le puso un escudo del duque de Alba, señor de Huéscar, tallado en piedra. La otra puerta, llamada “Puerta del Sol”, era el actual Arco del Santo Cristo, que en otros tiempos sí tenía forma de arco, y era la salida al camino de Galera. Por ese lado la muralla no necesitaba ningún foso alrededor porque el terreno no era llano como ahora; muy al contrario, era un enorme terraplén casi inaccesible a pie e imposible a caballo. Por las crónicas escritas sabemos que la mayor dificultad para colarse en el pueblo estaba precisamente en ese lado. La muralla parece que tenía dos alturas diferentes y un adarve o pasarela de vigilancia, de modo que los asaltantes tenían que escalar dos veces y luchar contra dos filas de soldados. La Puerta del Sol tenía muy cerca una puerta falsa que permitía a los sitiados huir con cierta facilidad.
Pero aún así siguen quedando restos de las murallas dispersos e insertados en construcciones que abarcaban el perímetro que va desde la Placeta de Maza y la calle Carril al paseo y desde la carretera vieja de la Puebla hasta la calle Nueva y Plaza Mayor. Espacio que se articulaba con las dos calles principales: Alhóndiga y Tiendas, siendo el resto, callejones que aún podemos ver hoy. Recientemente la Torre del Homenaje, el Pósito y las estructuras del arco han sido objeto de una intervención que las ha vuelto a poner en valor, conformando un espacio inigualable donde se realizan diversas actividades culturales.
Esa muralla, de la que actualmente se conserva una parte embutida en la estructura de algunas viviendas, partía del Arco del Santo Cristo y corría hasta la esquina de la cuesta del Tinte, paralela a lo que hoy es carretera de Murcia, subía por la cuesta del Tinte y continuaba por las calles Carril y Nueva, bajaba desde la esquina de la Plaza Mayor hasta el Arco dejando a lo que hoy es el Paseo del Santo Cristo a su derecha. Quedaban por tanto dentro del recinto amurallado las calles Alhóndiga, Tiendas, Callejón de la Quica, Santa Ana, Aceitería, Ceballos y Morería. Conocemos el origen de algunos de estos nombres: la Alhóndiga era la posada donde los viajeros y caminantes podían, junto a sus bestias y caballos, comer y descansar antes de proseguir su camino. La calle Tiendas debe su nombre al hecho de haber sido durante siglos la principal vía comercial del pueblo. El pequeño callejón de Santa Ana nos recuerda que allí hubo un beaterio, lugar donde las mujeres más devotas y piadosas se encerraban para vivir como las monjas de clausura. Es posible que este beaterio estuviese en el lugar de la antigua sinagoga judía (porque en Huéscar también hubo judíos). Y la calle Morería indica que fue en esa parte del pueblo donde los cristianos mandaron a vivir a los moriscos tras la conquista. Fuentes: Historia de Huéscar. Jesús Daniel Laguna Reche.

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