1488 Entrega capitulada de Huéscar

El 12 de Julio ya esta en Huéscar, por el tradicional camino desde Baza, hacia Valencia, tras pasar por la ya recibida Benamaurel y la ahora cobrada Castilléjar. Se establece real ante Huéscar -consta que en el Real de Huéscar el Rey despachó documentos, porque, aún en viaje o en guerra, la Secretaría Real seguía funcionando, y había asuntos en los Reinos de España que no admitían demora-, suponemos lógicamente que en la explanada que ahora ocupa la plaza Mayor, entonces lugar abierto para cementerio y zoco, a donde se abría la Puerta de Castril. Posiblemente entonces se llamaría Puerta de Baza, ya que hacia ella salía también el camino principal, de los dos que de allí partían. Esa puerta, como está largamente documentado, estaba a la entrada de la calle de las Tiendas, entre el actual Banco Español de Crédito y la que fue entrañable y veterana heladería del querido Maestro Arturo -la demolición de esta casa se ha llevado por delante los restos básicos de la Puerta de Castril, de la que han aparecido vestigios arqueológicos-. Hasta allí, de gala y a caballo, había llegado el alcaide Abenamar, saliendo de la fortaleza debidamente acompañado por las demás autoridades locales, y portando las llaves de la población. Hecha la entrega, de la que queda testimonio gráfico en la sillería del coro de Toledo, la comitiva montada y armada atravesó la calle principal de la villa -la de las Tiendas- para tomar posesión de la fortaleza, donde quedó una guarnición proporcionada a su importancia.
Con su entrega, absolutamente inevitable, ahorró el buen Alcaide Ibn Ammar unos días de sangre y ruina. Fue debidamente recompensado por los Reyes Católicos en su momento. Por lo que toca a Suleiman al-Galib, el Alguacil Mayor, sabemos que los Reyes Católicos le hacen merced de derecho nazarí de la Carnicería -6 maravedíes por cada cabeza de ganado sacrificada-, de un horno y de cierta cantidad de libras de pan; aparte de que conserva el cargo de Alguacil Mayor que tenía en el Gobierno local.

Dº Rodrigo Manrique Las llaves de Huéscar

Convenido el contenido del documento de las Capitulaciones, y recibida la villa por el Rey -el hecho de acercarse a Baza desde Almería y Vera lo explicó Don Fernando como motivado por la necesidad de recibir en sus propias manos las llaves de Huéscar, y el deseo de subir luego, siempre por el mismo Camino Real , a adorar la Santa Cruz de Caravaca-, quedó efectivamente como alcaide de la importante alcazaba Don Rodrigo Manrique, mientras que se consagraba en una Misa con el acostumbrado "Te Deum" la mezquita, que pasaba a ser Iglesia de Santa María -"la menor"- que luego fue de Santiago al pasar la advocación mariana "de la Encarnación", tan de la devoción de la Reina, a la nueva y grandísima edificada en "el arrabal": es decir, fuera de los muros, hacia donde se extendió la nueva ciudad cristiana, en el llano a Poniente del casco antiguo. 
Hay que notar que, por primera vez en la historia de las pérdidas y recuperaciones de Huéscar, Castilla no devuelve la jurisdicción militar de Huéscar a la Orden de Santiago ni la eclesiástica a la Mitra de Cartagena, a la que pertenecía desde el primitivo cristianismo peninsular, con las viejas diócesis de Acci y Basti, que pertenecieron siempre a la Hispania Tarraconense y luego Cartaginense, pero nunca a la Bética. La villa, incorporada por primera vez al Reino de Granada por Abu-1-Walid Ismail I a principios del siglo XIV -hacia 1325-, era granadina sólo cuando era musulmana, pero murciana al volver al cristianismo. Era el mismo caso de Castilléjar., Castril, Galera y Orce, así como de La Bolteruela, como se llamaba la futura Puebla de Don Fadrique, entonces anejo huesquerino.
El Rey Católico que desde el momento de la recepción de la villa en persona, la consideró como cosa propia, disponiendo de ella a su capricho, decidió esta vez conservar estas zonas de la frontera murciana dentro del Reino de Granada. Ya acabada la Guerra de Granada y a mediados del siglo XVI, por causas conocidas que ahora no vienen al caso, tanto Huéscar como la Puebla y Castilléjar. pasaron a depender, hasta nuestro 1953, de la Sede Primada de Toledo. Esta especial vinculación de las iglesias de Patronato Real con la Corona tenía la ventaja de que, en cuanto a sus fábricas se refiere, en su traza o ejecución, caían en las buenas manos de los arquitectos reales, que eran los mejores de España. Eso explica la gran categoría en volumen y en calidad, de los templos granadinos, En nuestra zona tenemos muestras gloriosas en la Colegiata de Huéscar y en la parroquial de la Puebla de Don Fadrique, su hermana menor. Aún en el siglo XVIII, Carlos III encargó iglesias granadinas a Don Ventura Rodríguez y su estudio, con el éxito que puede verse en las magníficas se Santa Fe, Vélez-Benaudalla, Mayor de Montefrío, Algarinejo, etc; o en la muy pequeña pero primorosa de Nívar. Todos estos planos se conservan en las magníficas estanterías del estudio de arquitectos, situado en una de las torres del viejo Alcázar madrileño de los Austrias, perdido por incendio en 1734, bajo Felipe V. Allí se quemaron innumerables obras de arte y, por supuesto, los planos de los arquitectos reales, entre los cuales, seguramente, están los nunca vistos de Santa María, de nuestra ciudad.
Rumbo a la importante ciudad murciana de Caravaca de la Cruz y puesta Huéscar en manos del nuevo alcaide Don Rodrigo Manrique, cruzo la tropa el Campo de la Puebla; y se sabe que el día siguiente, 13 de Julio, tras abandonar tierra granadina en Pedrarias, que era una de las ventas del Camino Real de Valencia, durmieron en la antiquísima Venta del Moral y sus alrededores. Sin embargo, por razones desconocidas, el Rey no siguió hacia Caravaca, sino que decidió volver desde allí a la Lorca de partida -no hay constancia de la presencia del Rey en Caravaca, que dan por cierta algunas Crónicas, conocedoras de la inicial intención de Don Fernando, cosa que hubiera hecho más tarde, al abandonar Murcia; pero ello no se refleja en el itinerario, por lo cual es más que dudoso-. Tres días después ya estaba Don Fernando en Murcia con la Reina, a la que había informado de la Campaña, día por día y por su encargo expreso, el Marqués de Cádiz; cuyas cartas son un verdadero tesoro histórico que documenta perfectamente esta triunfal campaña de 1488

1488 Documento de las capitulaciones de Huéscar

Conservado en el Archivo General de Simancas, nuestro queridísimo amigo e hijo predilecto de la ciudad de Huéscar, Don Vicente González Barberán, tuvo a bien pedirlo desde Madrid el 7 de Abril de 1969. El 11 recibía el microfilm correspondiente y la referencia del documento era: Patronato Real, legajo 11, folio 9, nº 1.098. Ese microfilm ha sido recientemente positivado y reproducido al tamaño folio del original, que tiene tres caras. Todo esto se refiere a la copia conservada por la Secretaria Real, de la que hizo llegar reproducción al Ayuntamiento de nuestra ciudad, para su constancia en el Archivo y para que, como es de desear, se pueda enmarcar y quede a la vista de los vecinos en lugar adecuado. Por lo que se refiere al documento original, que sería muy bello, debió de hacerse llegar al alcaide de Huéscar en lo siguientes días de Julio de 1488, yendo a parar al Archivo de Consejo. Todavía pudo ser consultado allí por el conocido escritor granadino D. Miguel Garrido Atienza -hijo de un muy polémico notario de Huéscar, quien publicó en 1910 "Las Capitulaciones para la entrega de Huéscar". Fue a raíz de la entrega al Ayuntamiento de la Capital del original de sus Capitulaciones de fines de 1491, hecha solemnemente por el Marqués de Corvera, Don Alfonso de Bustos y Bustos en 1908, padre de nuestro querido Barón de Bellpuig Don Antonio. En ese libro del que nuestro queridísimo Vicente González posee ejemplares, tanto de la rara edición original como de su facsímil de 1992, publicado por la Universidad, figuran también los textos de las principales Capitulaciones de aquella guerra, y multitud de documentos de mayor interés.
No da Garrido Atienza ninguna signatura ni referencia de la situación del documento en el Archivo Municipal de Huéscar: el caso es que de él nunca más se supo. Quizá le fue prestado para esa publicación. Fallecido no mucho después de forma inesperada, se sabe que tenía entonces en su poder importantes papeles, entre ellos algunos municipales granadinos antiquísimos sobre temas de agua -tema en que era especialista-. Se perdieron entonces para siempre esa y otra documentación. Por lo visto, su viuda atribuyó el fallecimiento de su marido a su dedicación excesiva "a los papeles" y los quitó de en medio cuando se los fueron a reclamar. Dijo no saber nada de nada. Quién sabe si algún día aparecerán en alguna testamentaría granadina de postín.
Fuente: Libro de "Úskar" y los estudios realizados por D. Vicente González Barberán.

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