Convento de las Dominicas

El Convento de las Dominicas, como así se le conoce en esta población, tiene sus orígenes por los años 1570, fechas en la que ya se habla de la necesidad de levantar un convento femenino de monjas dominicas. Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, duque de Alba, prometió su apoyo para fundar un convento de monjas. En el documento que se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Huéscar, fechado en febrero de 1564, se manifiesta la necesidad de éste, y del tratado para fundar un monasterio de religiosas de la orden de Santa Clara en el hospital que está junto a la Iglesia de la Madre de Dios extramuros de la la ciudad, comprometiéndose a ceder de sus posesiones un total de trescientas fanegas. En 1569, su esposa la duquesa doña María Enríquez de Guzmán concedía otras doscientas fanegas de tierra para el convento de monjas de la orden de Santa Clara, lo que se llevaría a cabo cuando “se contase con al menos abadesa y seis monjas...”.

Panorámica actual sobre el convento de Las Dominicas

Historia del convento

Pero no es hasta el año de 1612 cuando se hace efectivo el inicio de las obras. Ni el Ducado de Alba ni la orden de Santa Clara llevarían a cabo la fundación de este convento. Es gracias a la generosidad de Doña María de Chinchilla, viuda del Caballerizo del Emperador Carlos V, llamado Micer Ruiz, que se hizo la fundación y obra del inmenso convento de las monjas Dominicas, que aún hoy existe y sigue siendo de clausura. Doña María donaría los caudales suficientes para levantar un amplio edificio. Se edificó en el lugar previsto sobre los solares de unas casas que fueron de moriscos expulsados tras la guerra de 1569-70, a extramuros de la ciudad, en el extremo este de la población y del carrerón que ahora es el "Paseo".

Interior del convento. Iglesia

En 1576 llegarían a Huéscar, procedentes del monasterio dominicano de Nuestra Señora de Alta Gracia, en Ciudad Real, Sor Beatriz Carrillo y algunas compañeras, que fueron las primeras de una larga lista de vocaciones ininterrumpidas. Según el padrón municipal de 1752, el convento contaba entonces con 44 religiosas.
En 1634 se alude a él como Convento de San Antonio de la Madre de Dios y como tal figura en la mayor parte de los documentos de aquellas épocas, sin embargo, en el responsorio que las parroquias oscenses remitieron a requerimiento del Cardenal Lorenzana, Arzobispo de Toledo, en 1782, se dice que su nombre es Convento de la Encarnación. En 1754, en las Respuestas Generales de Ensenada, se dice que hay un Hospital de la Madre de Dios, para los peregrinos y algún pobre de solemnidad junto al Monasterio. Esta actividad  la ejerce también durante la Guerra Civil Española (1936-1939) como Hospital de Sangre.
En el verano de 1936, como consecuencia de la despiadada persecución religiosa de aquella época, el convento fue incautado y su iglesia se convirtió en hospital improvisado. Las monjas fueron expulsadas del convento, refugiándose por las casas de familiares o en sus pueblos de origen. Altares, cuadros, imágenes y objetos litúrgicos fueron destruidos. Sor Isabel (Ascensión de San José) Sánchez Romero, de 78 años de edad, sería torturada y muerta en febrero de 1937. Su proceso de beatificación está ya concluido.

Características de su construcción.

Patio interior del convento de estilo mudéjar

Por dentro y por fuera, el convento ha sufrido intensas transformaciones. En la fachada actual puede observarse, a la derecha, una portada de piedra rematada por una hornacina de ladrillo que tal vez custodió en otro tiempo alguna imagen. A continuación, el cuerpo principal del monasterio y, a la izquierda, la actual entrada a la iglesia, con su portada de piedra, descubierta y limpiada hace poco. Antiguamente había, siguiendo la fachada, cerrado al exterior por una tapia, un patio en cuya pared lateral se abría la primitiva entrada al templo y que fue vendido. Más a la izquierda, se levantaba el llamado “mesón de las monjas”. En el lateral derecho de la iglesia, frente a la primitiva entrada, hoy tapiada, está el coro en el que actualmente las religiosas rezan la liturgia de las horas. La estancia es una acogedora capilla con techo sostenido por robustas zapatas, y con una sillería de madera de pino en tres de sus lados, todo muy sencillo y austero.
Cuenta con dos patios: uno amplio y abierto, el del aljibe o de las flores, rodeado de una arcada hoy desaparecida, cuyo proyecto de restauración, redactado en 1863, no llegó a tiempo de impedir su derrumbe; y otro, más antiguo, de estilo mudéjar. Este encantador patio, de tres plantas, con barandas de madera, está bien conservado y posee en el centro una fuente instalada en una pila renacentista de mármol, artísticamente labrada, gemela de la que ahora se utiliza como pila bautismal en Santa María. Posiblemente sea ese claustro la parte menos transformada del convento.
Con entrada por el huerto, bajo el altar mayor de la iglesia, se halla la cripta conventual, en donde duermen numerosas religiosas, entre las que merece destacarse la monja mártir Sor Ascensión Sánchez.

Copyright @ 2009 Portal Comarca de Huéscar. Todos los derechos reservados.