Cerrada de Lézar "Senderos del Parque Natural"

Sendero

Permite este sendero disfrutar de amplias vistas del valle del Castril, sobre el que, al Norte, se yergue el macizo de Suerte Somera, y el acceso hasta el interior de la garganta del Barranco del Buitre, por la que discurre un pequeño curso de agua.
Trayecto: Lineal. Longitud: 1,9 Km. Dificultad: Baja. Tiempo estimado: 2 horas. Desnivel (comienzo - final): 190 metros (950 - 1.140 m).

Manantial de la Cerrada de Lézar

Parte el itinerario desde el Camino del Nacimiento ( a unos 8 kilómetros una vez cogido el desvío al parque natural, desde la carretera de Castril - Huéscar km 29-28), poco después del primer puente. A 1.5 km después del área recreativa está el sendero.

Recorrido del sendero

Macizo de Suerte Somera -referencia para la garganta del Buitre

Dónde empezar: La primera parte de nuestro recorrido va a discurrir por el camino que accede hasta los Cortijos de Lézar, desde donde debe ascenderse a pie hasta el interior del barranco. El trayecto discurre entre encinas, retamas y cornicabras, éstas últimas al pie de las paredes rocosas, por donde manan pequeños regueros que aseguran la humedad del suelo que requieren estos matorrales. Durante el otoño, su presencia se identifica a distancia, por la rojiza coloración que adquieren sus hojas, lo que confiere una especial vistosidad a estos parajes. Nos resultará también bastante notoria la presencia de unos arbolillos diseminados de corteza casi lisa y blanquecina, y hojas aovado-lanceoladas finamente aserradas. Son almeces, y su fruto esférico, de alrededor de un centímetro de diámetro y de color pardo en su madurez, por su agradable sabor aunque escasa carne, se vendían hasta hace algunos decenios por las calles de Granada y los pueblos de su provincia. 

Cortijo de la Majada de Lézar

Llegaremos a un primer cortijo a nuestra izquierda, continuaremos a la derecha por el camino que nos llevará al segundo cortijo que veremos a nuestra izquierda. Es la Majada de Lézar y encima de éste veremos diferentes zonas de cultivo y a la izquierda un refugio para ganado. Aunque veremos diferentes veredas que ascienden al cortijo Corral del Buitre (que se encuentra más arriba), seguiremos por la pista para tras la siguiente curva llegar al final de la misma y donde podremos encontrar unos bellos ejemplares de sauces. Tomaremos una vereda, dirección noroeste, balizada con estacas y que nos permite ascender hasta la Cerrada del Lézar, también llamada Garganta del Buitre. Subimos la colina hasta la roca rojiza. Al llegar a los pies de la roca, bajamos por el camino de cabras hacia la izquierda y descubriremos la cascada y el «barranco del buitre» a través del cual baja un riachuelo. Nos sorprenderán las impresionantes paredes verticales sobre el estrecho cauce del Barranco del Buitre, así como las diferentes especies de plantas que se han adaptado, tanto a las paredes calizas como a la humedad de éstas, a las pocas horas de luz solar y a la circulación del aire que transita a lo largo de la Garganta. Dependiendo del caudal que presente el Barranco del Buitre podremos adentrarnos unos metros en el interior de la Cerrada de Lézar.

Entrada al barranco

Ya en la garganta, resulta imponente la monumentalidad de los paredones que se erigen verticales varias decenas de metros sobre el fondo del estrecho cauce. A unos diez minutos del comienzo de la garganta, una pequeña pared cierra el paso hacia la cabecera donde finaliza el sendero.
Al alcanzar la vertiente de la Magdalena, se abre la panorámica, pudiéndose observar el Cortijo de la Saludá, con amplios prados y choperas a sus pies, que alguien propuso como campo de golf. Sobre la Saludá también se atisban caprichosas formas del relieve, propias de sustratos calizos. Al fondo, se enmarcan los Cortijos del Nacimiento sobre un fondo contrastadamente desnudo y escarpado. Ya en orientación Norte, el ambiente se vuelve más fresco y con rapidez el encinar deja paso al pinar de salgareño que, aunque más propio de mayores altitudes, aquí está presente por la especial humedad que asegura la orientación del terreno.

En la garganta. Paredones

Finalmente, se accede hasta la angosta Cerrada, fruto de la especial disposición de los mantos rocosos y de la acción erosiva de las aguas, donde surge un manantial de constantes aguas. En circunstancias de régimen de lluvias, el recorrido por el arroyo puede verse dificultado por su elevado caudal. Uno de los aspectos que más llama la atención de este manantial es la homogeneidad de su caudal, con una media del orden de 200 l/s, mínimos de 150 l/s y puntas de casi 290 l/s. Su composición química también presenta escasa variabilidad, indicio de una gran capacidad de regulación del acuífero.

Garganta de la cerrada sin el paso del agua

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