Atalayas "torres defensivas de Huéscar"

Huéscar era por aquellos tiempos, un núcleo exiguo y posiblemente con una defensa pobre, dada su ubicación en un área casi llana. Sin embargo, a su alrededor había un buen número de atalayas de época nazarí que cubrían todos los pasos hacia ella. Presentaba, por tanto, una imagen en esos siglos finales de la Edad Media muy nítida. Se han podido documentar diferentes torres atalayas. Unas se hallan en la parte más llana, al S y O de Huéscar, mientras que otras están al N y E, en la parte más elevada, en las sierras que rodean el altiplano de Huéscar. Entre las primeras se encuentran la de Torralba y la de la Cantera de Valentín. Entre las ubicadas en las zonas más elevadas la de Botardo, Encantada, Almorox y Muerto.

Atalaya de Valentín

Atalaya de Valentín

Sobre una elevación, en la carretera hacia Castril, cerca de una cantera de caliza marmórea, y junto a un vértice geodésico, se encuentran restos de una torre atalaya. Aunque conserva su base, sólo queda un muro en la fachada N. Se levanta sobre un espolón rocoso y apoya directamente sobre la roca, enrasando con una hilada. Es una obra de mampostería, en la que las piedras están unidas con una argamasa muy terrosa. El aparejo no es uniforme aunque aparecen hiladas, a veces, separadas por piedra. Tienen aquéllas 25 cm de grosor. Los restos, como queda dicho, son escasos, pero permiten ver cómo se construyó la torre. Hay sucesivas hiladas bien dispuestas que conforman un espacio delimitado.
En su interior habría un gran relleno que conforma la estructura en su totalidad. Cubre el paso hacia Castril y Castilléjar, en donde hay estructuras defensivas también. Guarda una amplia llanura al O de Huéscar. Hacia el E domina toda la altiplanicie de Huéscar, al O se encuentra Castril. Desde ella se ven las demás atalayas de Huéscar: Botardo, Sierra Encantada, Sierra Bermeja y Sierra del Muerto. Sin duda es una atalaya que completa el circuito defensivo de la hoya. No se ha hallado cerámica significativa. El estado de la torre, era muy deficiente y la parte superior de lo que quedaba estaba en peligro.

Atalaya del Campo o de Botardo

Atalaya Botardo

Ubicada al E del núcleo actual de Huéscar, en la zona denominada Botardo, en una elevación sobre algunos campos de cereal, se encuentra un atalaya integrada en el circuito defensivo de Huéscar. De planta circular y desarrollo cilíndrico esta torre atalaya es obra de mampostería. Su estado de conservación es mediocre, pues no se mantiene en su totalidad. Su cara N es la que mejor está. Se levanta sobre una pequeña plataforma de mampostería. El primer cuerpo es asimismo un gran macizo de mampostería, siendo los mampuestos distintos los que dan al exterior de los interiores. En realidad, se aprecia que están trabados por una argamasa diferente que en toda la parte exterior daba paso a un enfoscado que dejaría las piedras rehundidas en un segundo plano. La argamasa es de color muy terroso y el árido muy fino. En el interior es más grueso el árido. Los mampuestos se disponen irregularmente sin llegar a formar verdaderas hiladas concertadas. La parte superior, según hoy se aprecia, estaría hueca y daría paso a una habitación. Hay un agujero intencionadamente hecho en tiempos actuales para entrar en ella y conocer su interior, lo que permite ver cómo estaba hecha. En su cara S conserva huellas de encofrado, viéndose un pequeño palo incrustado. No es fácil dar medidas por el estado de deterioro en que se encuentra en la actualidad, sólo siguiendo la linera inferior en torno a la base o plataforma (con la que debía estar enrasada la totalidad de la torre) se podría dar alguna más. Desde esta atalaya se ve al O Huéscar, al N la Sierra de la Encantada y a otras atalayas, al E el altiplano hacia la Puebla y al S hacia Orce, en donde hay fortaleza y torres atalayas en torno a ese núcleo.

Atalaya de la Sierra de la Encantada

Atalaya Sierra de la Encantada

En un punto más elevado, hacia el N de la de Botardo, hay otra atalaya. Está en una de las cimas de la agreste Sierra Encantada, que está al NE-E de Huéscar. Es de planta circular y desarrollo cilíndrico. Está construida totalmente en mampostería. Sobre una pequeña plataforma, que sirve para levantar de forma igual la torre, y, de esta manera, nivelar el terreno, se desarrollan los mampuestos. Son hiladas muy regulares y concertadas, en algunos casos separadas por ripios y piedras en formas de lajas. La atalaya en ciertas partes enrasa su fachada con la plataforma inferior. Los mampuestos están unidos con una argamasa muy terrosa, de color negruzco y árido muy fino, también de color oscuro. Sobre ella hay un enfoscado que en algunos puntos, forma vitolas sobre las piedras.
Al hacer en la actualidad un hueco de forma intencionada, se aprecia un relleno formado por mampuestos unidos con una argamasa más rosácea y con cal. Los dos tercios inferiores formaban un cuerpo macizo, aunque en el superior había una sala. Se accede a ella por una puerta-ventana de arco de medio punto. Es posible que la ventana tuviese el arco y los pilares o jambas de ladrillos, pues aparte de algunas improntas, quedan algunos de ellos todavía en una de la jambas. En ciertas partes de la fachada se conservan huellas de los palos del encofrado. Desde ella se ve perfectamente la atalaya del Campo o de Botardo y todo el núcleo de Huéscar, con su vega y altiplano. Está cubriendo los pasos que hay por esta Sierra Encantada y hacia la zona murciana por el E-NE.

Atalaya de Sierra Bermeja

Atalaya Sierra Bermeja

Al N del núcleo actual de Huéscar se encuentran diversas atalayas. Una de ellas es la de Sierra Bermeja, o Almorox, situada detrás de Perico Ruiz. Es de planta circular y desarrollo cilíndrico. Obra de mampostería, las hiladas en ciertas caras, sobre todo la S y E, están separadas por verdugadas de ripios. Se conforma así un aparejo típico del mundo nazarí. En algunos puntos se aprecia un enfoscado, que bien pudo servir para dejar en segundo plano las piedras, pero que parece que formen vitola. Llama, no obstante, la atención la decoración con pequeñas piedras orlando los mampuestos. Pero son piedrecitas del terreno, no trabajadas ni pulidas, sino esquirlas de la caliza más gruesa. Se aprecia también que hay una argamasa de color negruzco, de árido finísimo, terrosa y de escaso contenido en cal, según parece. Debería servir para aplicar encima el enlucido. Sin embargo, más al interior, es más granulosa, de árido grueso y con más cal. A veces se ajustan lateralmente las grandes piedras con pequeños o medianos ripios. Conserva una altura máxima de 2,28 m. en la cara S. El cajón puede estar formado por una o varias hiladas separadas por enripiados. No son pues regulares. Sólo tiene el tercio inferior, que ha sido perforado recientemente y quitado un relleno para guarnecerse pastores y excursionista. La cara N está totalmente hueca por esa obra intencionada. Se ha recogido cerámica nazarí muy característica, entre otros fragmentos uno de jarrita con trazos de manganeso. Comunica fácilmente y de forma óptica, con las atalayas de Sierra Encantada (al S-SE) y la de Sierra del Muerto (al O). Se ve Huéscar al SO.

Atalaya Sierra del Muerto

Atalaya Sierra del Muerto

La otra torre situada al N de Huéscar es la que se halla en una cima de la Sierra del Muerto. Está en una de las mayores elevaciones que rodean por el N la hoya de Huéscar. Se encuentra en una altura tal que permite el control de toda la zona a las espaldas de aquélla. Seguramente tendría apoyo en otros puntos. No se ven hacia el N, pero se aprecian las más altas que hay en el anillo defensivo de Huéscar (Botardo, Encantada y Sierra Bermeja). Es, pues, una de las atalayas del circuito oscense. Se trata de una obra de mampostería, con grandes piedras unidas por una argamasa con abundante cal. Las hiladas que forman no son regulares, dado sobre todo el gran tamaño de las piedras. Algunas están dispuestas de forma vertical.
La torre se asienta directamente sobre el suelo, organizando las piedras de manera que se pueda asentar bien la torre, salvando los desniveles con hiladas. En su cara S-SE hay un gran hueco hecho de forma intencionada y que la ha roto sólo parcialmente. En su cara N hay otro hueco que sirve de refugio. Está bastante afectada. Tiene poca altura, en torno a los 3,5 m. En la cara N conserva restos de enfoscado que permiten pensar que se trate de unas vitolas sobre las piedras. Incluso hay zahorra incrustada en el enfoscado. Gracias a esos huecos se ve el relleno interior y las disposiciones irregulares de las piedras, unidas con argamasa con abundante cal, siendo la proporción muy alta. En torno a la torre hay numerosas piedras de la degradación de las estructura. Sobre todo han caído por la parte N que es, además la que menos altura tiene. Se divisa perfectamente el núcleo actual de Huéscar y el pasillo que lleva hacia Castilléjar y camino de Castril. Una serie de montañas elevadas cierran el paso por el N. También se ve desde esta torre, hacia el SO, la atalaya de la Cantera de Valentín, que se integraba en el circuito defensivo de Huéscar

Atalaya de Torralba

Se encuentra a pocos kilómetros de Castilléjar, en la vía que va de ella a Galera. Está en una zona llana, encima de un curso de agua. Su acceso es fácil y se puede ir cómodamente. Está hecha en mampostería sin concentrar, porque la hiladas no quedan muy bien definidas. Es más, mientras unas piedras están en horizontal, otras aparecen dispuestas vertical y oblicuamente. Es de planta circular y desarrollo cilíndrico. La cara S y la O están rotas, dejando ver su mitad interior, que muestra cómo en el tramo superior había un piso. En la parte inferior hay un macizado. El hormigón o argamasa de unión de los mampuestos es de color grisáceo, con abundante árido muy fino.
En la cara S hay huellas de las vigas del encofrado que permitió levantar la torre. Quedan restos de un enlucido muy tosco y grisáceo en la parte N, de un considerable espesor, que va de 1cm hasta 2,5cm. Tiene un color como el del cemento, pero obviamente no lo es, sino que se debe a la arena utilizada. La piedra queda rehundida y en algunos puntos parecen vitolas. En algunas partes de la cara O, en su zona baja, se aprecian unas líneas de verdugadas de piedra, pero de manera muy clara. Conserva en su cara N una altura de unos 12 m, pues casi está entera. Desde ella se ve la Torre de las Canteras, y otra encima de Huéscar, hacia el N. Tienen una factura muy similar. Ambas se hallan casi en línea recta. Desde ella se ven las atalayas que rodean Huéscar hacia el N y NE. La cerámica recogida es poca. Seguramente procede de la construcción, porque es escasa y parece asociada a trozos caídos. Es una cerámica posiblemente nazarí, aunque no descartamos que haya almohade.

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